Quién soy

 

Me llamo Gabriela Russo Sotés; nací en 1971 en Montevideo, Uruguay.

En mi primera infancia fui desarrollando un gusto especial por el agua y el deporte náutico, a través de mi padre. A mis 7 años comencé a asistir a la Escuela de Vela del Yacht Club Uruguayo, siguiendo un poco los pasos de mi hermano Daniel. Fue una escuela de vida muy importante que me dejó muchas enseñanzas.

Estar en contacto con la naturaleza generaba algo en mí que me motivaba a volver al agua todos los fines de semana, sin priorizar las inclemencias del tiempo. Los viajes recreativos con mis padres a otras ciudades, bordeando el Río de la Plata, eran para ese entonces toda una aventura. Tenía tanto entusiasmo en esa etapa de mi niñez que poco podía contemplar los sonidos del agua y del viento.

El deporte náutico se realiza en un entorno natural y permite trazar muchos paralelismos con la vida misma. Esto lo fui comprendiendo con el pasar del tiempo y el desarrollo de mi madurez. La necesidad de cosechar un logro, lograr la autonomía, timoneando una embarcación, por ejemplo, y que esto fuera reconocido por mis padres, sin duda me fortalecía. Es muy gratificante ver el proceso de un niño al descubrir su propio valor y fortalecer su autoestima.

Mi entusiasmo por divertirme en las regatas hacía que me esforzara por buscar la excelencia. Probaba ajustar velas, mejorar el casco y aumentar mi entrenamiento. Cada viento sur fuerte que soplaba traía una nueva aventura: era un desafío llegar a la meta debido a que se incrementaban las olas del río.

Las jornadas en los puertos de Colonia, Piriápolis y Punta del Este eran propicias para realizar camaradería entre los niños y, sin duda, nos favorecía a todos en el desarrollo social. Las zonas del río desconocidas nos generaba ansiedad y la necesidad de tener que enfrentar el miedo a lo nuevo. Los entrenadores nos enseñaron a respetar la naturaleza y conocer sus límites. Las anécdotas y las reflexiones siempre estaban a la orden del día.

A mis 15 años tuve que dejar la Escuela de vela debido a la edad y mi duelo de esa maravillosa etapa fue sublimado por una nueva categoría de embarcación más grande. Continué practicando el deporte de forma recreativa y de competencia.

En 2004 un delegado de vela me sugirió que realizara una campaña olímpica en la categoría Windsurf olímpico. Esto significó un enorme desafío para mí; cuatro años más tarde terminé representando a Uruguay en el campeonato mundial de Nueva Zelanda y, en 2009, en el campeonato Norteamericano en Cozumel, México.

Hoy, ya retirada del deporte de alto rendimiento, lo practico recreativamente y trabajo como docente. El contacto con la naturaleza, la descarga física y la oxigenación serenan mi mente y aflojan mi cuerpo.

Mi otra pasión, la psicología, llega a mi vida en una búsqueda personal al salir de la adolescencia, la etapa evolutiva más importante del ser humano. En aquel entonces, sentía que carecía de herramientas emocionales para afrontar las pérdidas afectivas de la vida; no comprender el comportamiento humano me generaba un intenso malestar en las relaciones. Años después, luego de pasar por algunos procesos terapéuticos y talleres de crecimiento personal, fui descubriendo un gran interés en seguir formándome en el aspecto humano. Este es hoy mi mayor interés.

En 2001 mi terapeuta me sugiere realizar el Taller de Eneagrama, un trabajo de autoconocimiento y diagnóstico de la personalidad.

El Eneagrama ingresó en la cultura occidental a través de las Escuelas de Gurdjieff, filósofo y maestro espiritual ruso que trabajó con sufíes y otras escuelas tradicionales de conocimiento esotérico en Oriente. Posteriormente, este conocimiento fue traído a Occidente por el boliviano Oscar Ichazo, fundador del Instituto Arica, quien desarrolló el estudio psicológico del carácter. Luego, el afina esta herramienta y la utiliza como parte fundamental del proceso para el desarrollo emocional humano.

El Eneagrama fue una revelación; me brindó un gran conocimiento de la estructura de mi personalidad y pude empezar a trabajar sobre mis rasgos de carácter y mis programas, aquellos conflictos no resueltos por nuestros ancestros, que se heredan en nuestra información genética. En la Licenciatura en Psicología en la Universidad de la República, en la materia Psicopatología, estas mismas personalidades del Eneagrama —las denominadas neurosis por Sigmund Freud— forman parte del Manual de diagnóstico DSM5 de la psiquiatría tradicional.

Gurdjieff, Ichazo y Naranjo no se limitaron al diagnóstico; fueron un poco más allá en sus búsquedas personales.

El Dr. Claudio Naranjo, investigador adjunto en el Instituto de Investigación y Evaluación de la Personalidad (Institute of Personality Assessment and Research – IPAR) utiliza, en su escuela SAT, el Eneagrama como base del proceso transformador de la persona. Esta escuela se encuentra en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, España, Estados Unidos, Italia, entre otros países.

Fue para mí un reconocimiento profesional importante que el Dr. Naranjo me brindara el aval para poder trabajar de forma individual y grupal dentro del ámbito de la psicoterapia con esta herramienta.

Nuestro cuerpo es la copia exacta de nuestra estructura de carácter y es este, también, una puerta de entrada para lograr el equilibrio. Con esta base, busco desarrollar un modelo terapéutico más integral, que vincule la mente, el cuerpo y las emociones, brindando, a la par, pautas de vida más saludables en materia de nutrición y en el desarrollo físico. Es con esta intención que nace Psicodeportivo.